“La conocí en la red. Me gustaba navegar por allí porque aquello era, cómo decirlo, una especie de prostíbulo, un vertedero sentimental, donde era fácil llenar vacíos en las almas perdidas, aburridas, sin motivación por sus vidas aparentes. Así me registré en una red social y decidí lanzarme al ataque: lo bueno de la red es que podía exagerar mis virtudes y, bueno, la retina manda”.
Con semejante declaración de intenciones el personaje en cuestión fue acumulando "conquistas", unas de forma honesta y otras no tanto, hasta que su adicción al sexo y sus coqueteos con las drogas comenzaron a hacer mella en su comportamiento, convirtiéndolo en un ser abyecto dando claros síntomas de que algo no iba precisamente bien por ahí arriba. Lo que lo llevó a tener serios problemas con gente que uno debería mantener las distancias.
Un día apareció una mujer que sobresalía con creces por encima de todas las demás con un estilo único e incopiable hacía gala de su enloquecedora distinción. Capaz de seducir prácticamente a cualquier criatura, adorada por los varones y odiada por las hembras, coincidió con el depredador más antiseductor que os podríais imaginar. Así fue cómo comenzó todo: un par de visitas silenciosas, algunos intercambios subidos de tono en las fotos y su primera llamada telefónica. El timbre de su voz era de una extraordinaria belleza y muy expresivo, con un dulce toque altamente carismático y acaramelado, capaz de derretir un iceberg; permitieron deslumbrar por su virtuosidad requerida y su libertad de improvisación a esta mujer, manteniéndolo totalmente absorto y hechizado como si de brujería se tratase teniendo una primera conversación de una hora aproximadamente. La historia siguió como era de esperar. La primera vez que la vio por una videollamada se enamoró locamente de esta mujer, sus poses, miradas insinuantes y la propia calentura del mismo protagonista imaginándose cómo sería cabalgarla salvajemente hicieron el resto. Hasta que por fin tuvieron su primer encuentro. Ella lo citó y le pasó la dirección de aquel hotel en las afueras de la ciudad, en un bosque que cubría rústicamente de vegetación aquella zona paradisíaca, digna de ser escenario de aquella embriagadora noche que les esperaba con el fondo tenue de la luz de la luna acompañada por una niebla bastante densa. Cabe decir que era invierno y hacía un frío extremo pero el calor de aquella mujer le disiparía aquel susurro de aire gélido que cubría como un manto salino la oscuridad del momento capaz de crear cortes en los labios y, rajar como una cuchilla la corteza facial del protagonista. Las calles cubiertas de hojarasca dejaban entrever, de vez en cuando, los rayos plateados de la Luna reflejados en los charcos del aparcamiento. Desde la ventana de aquella habitación del hotel, se podía apreciar la silueta femenina de aquella magnífica concubina. En lo más profundo de su ansia varonil nuestro protagonista deseaba poseerla con furia e impaciencia.
Bajó de su auto, cerró la puerta de su coche, dejando que la débil luz de la noche fuese testigo de su gran odisea. Pero, de repente, una bolsa le envolvió la cabeza mientras sintió una fuerte descarga eléctrica en el pecho que lo hizo desplomarse perdiendo el conocimiento. Si no hubiese sido porque alguien lo agarró en ese preciso instante se habría derramado como agua por el suelo. Cuando volvió a abrir los ojos cuál fue su sorpresa al verse solo en un cobertizo oscuro con un fuerte olor a humedad que calaba en los huesos con rabia. Desconcertado intentó levantarse de aquella silla pero le habían atado de pies y manos concienzudamente. Comenzó a gritar despavorido de miedo pero sus gritos mudos no alcanzaban la frecuencia de decibelios anhelada. Mientras tanto, tres hombres, enmascarados, exceptuando uno de ellos, que parecía llevar un pasamontañas, lo observaban de pie en un silencio sepulcral.
—¡¡Hola, querido, incondicional, inseparable, leal, partidario e hijo de la gran puta amigo!!
En ese preciso instante, los ojos del antiseductor parecían ir a salirse de sus cuencas dejándole un vacío pasmoso ante semejante escena. El sudor frío bajaba por su frente, cubriendo sus ojos, que comenzaban a lagrimear como si de las cascadas del Niágara se tratasen.
—Tranquilo, sólo queremos... hablar contigo.
Uno de los enmascarados le quitó la mordaza que tenía en la boca dejando que su respiración agitada pudiese oxigenar su muy confundido, aterrado y alarmado cerebro.
—Verás. Permitirás que abuse de tu buena paciencia, cultivada tantas horas ante el ordenador:
En la era de la tecnología, como en la novela "1984" de George Orwell la libertad de expresión es reemplazada por una suerte de organismo definido como el 'Gran Hermano' que vigila y controla a la población. La Revolución Tecnológica de nuestra era entraña una revolución más profunda: la revolución de los ciegos. La civilización, sumida en los hilos del Padre Gran Hermano que nos cría, nos educa, nos registra, no puede más que fundirse en la máquina a la que alimenta, la máquina que la devora. Se sumerge en sus aguas turbias y no puede ni quiere ver hasta qué punto la máquina ha aniquilado al individuo. La globalización ha logrado que toda la información sea accesible a todo el que quiera saber pero el precio que pagamos todos está aquí (le dio dos toques en la cabeza con la culata de su pistola). Ha muerto la conciencia. Ha muerto de forma tan ignominiosa que una deplorable mayoría la confunde con la consciencia. Asistimos a la cosificación de las personas: haces click y la oferta es interminable, apabullante, como una estantería de supermercado. La oferta es tan inmensa que es imposible prestar atención a la realidad: somos títeres en manos del mercado. El siglo XX ha sido la época de desarrollo de la involución humana: la conciencia murió con Freud, al que sucedió toda una cohorte de matasanos que encontraron justificación para lo más abominable. La maldad no es una patología mental; es una opción. Sin conciencia, la civilización ha sido corrompida. Ha proliferado, hasta límites imposibles, la raza más peligrosa dentro de la especie humana. Imagino que te reconocerás en cuanto diga su nombre, ¿verdad, amiguito? Es la raza de los hijos de puta, ratas sin conciencia ni moral, inútiles para la sociedad, excrementos de la subcultura. Te diré que no debéis ser redimidos más que a través del peor castigo, pero, tranquilo, no deberías temblar... Tenemos tiempo y quiero aprovechar que he hecho los deberes como habrás sabido apreciar hasta este momento. Sé que deseas que empiece la diversión cuanto antes, pero el saber no ocupa lugar y tú, rata, sabrás por qué pecados cumplirás tu penitencia.
¿Por dónde iba? Ah. Tu raza... El arte en todas sus vertientes, no obstante, empezó temprano a advertirnos de lo que se avecinaba. Orwell, Huxley, pero, mucho antes, autores rusos como Chernyshevski, ya vislumbraban algunos rasgos de las consecuencias, devenidas de los aconteceres del siglo XIX, sobre nuestra civilización tal como la conocemos hoy. Pero no creas que tan sólo las grandes obras de literatura, de filosofía han reflejado la inconmensurable cloaca en la que nadamos los humanos en la actualidad. Que tantas obras enfocadas a tan diferentes objetivos nos hablen de nuestro futuro con tanta negrura, no es de extrañar viendo cómo está el mundo a todos los niveles. Aún así la sátira funciona, va directa al espectador y demuestra que la televisión, los ordenadores, los móviles, están totalmente abiertos a un tipo de obras tan arriesgadas como la aquí presente. Un futuro distópico en el que los seres humanos trabajan en espacios cerrados, se comunican en espaciados cerrados, ¡¡mantienen hasta relaciones sexuales en espacios cerrados y separados!! Sin necesidad de tocarse. ¿Increíble verdad? Quién pensaría esto hace años. Sin embargo, ya no suena tan extraño. ¿Te suena esta situación? Seguro que sí, a ti sí. Estás en tu casa tranquilo, haciéndote una paja ante el ordenador y mientras tanto la mano del Gobierno te roba un derecho del bolsillo. La población está absorta. Son amebas interconectadas. Y son susceptibles de caer en manos de los depredadores como tú. O de convertirse, a su vez, en depredadores por contagio. La gente obesa es considerada inferior y así se le hace saber. Pero éste no es tu caso, aunque tengas barriguita cervecera.
¿Las tecnologías de la información deshumanizan las relaciones interpersonales?
Parece que hay gente que piensa así y lleva al extremo la idea. La rebelión frustrada, el conformismo, Gran Hermano, eso es lo que debéis esperar de este gran capítulo de vuestra gran serie. ¡¡La serie de tu vida!! Aquí y ahora, en directo. En honor a la verdad, no recomiendo verla en un iPad, vistiendo una camiseta del Che Guevara. Podría llevarnos a reflexiones poco agradables. Suele doler a según qué personas la paradoja del revolucionario consumista.
El enmascarado calló un instante y se acercó a una mesa metálica oxidada, que estaba al fondo de la estancia. Un sonido metálico alertó al antiseductor que comenzó a sentir algo caliente que se deslizaba por su muslo:
—Pero, ¿quiénes sois y qué queréis?
Un tremendo puñetazo semicircular impactó de una manera estrepitosa en su cara casi a punto de romperle la mandíbula como si de un tremendo mazazo se tratara. Cuando el antiseductor abrió los ojos, observó que ahora un cúter bailaba entre los dedos del enmascarado.
—No me interrumpas cuando te hablo; es de mala educación, ¿No lo sabías? Prosigo. En esa sociedad, con una visión tan individualista, no hay espacio para el amor, por lo que intentar que lo auténtico, como la voz propia prevalezca sobre el mundo virtual que rodea en pantallas a todos los ciudadanos es una tarea casi imposible. La demanda cibernética consiste en material de humillación a la gente, pornografía de consumo, publicidad reiterada y constante, y, sobre todo, prostitución encubierta en redes sociales acompañada, cómo no, de la mano por un sinfín de psicópatas, pederastas, depredadores sexuales y otros engendros de las cloacas del Infierno como tú. Sí, llevamos un tiempo siguiendo tu obra, espero que no te importe.
Intenta alejar la imagen de la juventud actual que ya sólo forma parte de otros conjuntos en mundos virtuales y sabrás que es una pérdida de tiempo. Se han convertido en simples avatares que los representan en un entorno pixelizado. Aunque todos al final acabaremos formando parte del mismo sistema. ¿Qué quiero decirte con todo esto? Que tu vida ha llegado a su fin. ¿Porque creías que el destino guiaría tu vida? ¿Tus acciones? No... dependes de los demás y hoy, más que nunca, tu vida depende de mí. ¿Te imaginas una realidad alternativa en el que la humanidad pueda acceder a una tecnología que grabe todo lo que ve y escucha? Puedes borrar un recuerdo o volver a él pero, ¿es esto algo bueno? Seguro que te gustaría tener algo así en este preciso instante, ¿verdad? Bueno, cuando no sabes con quién tratas, se corren riesgos...Y hoy ha llegado la hora de que saldes tus cuentas, para que puedas morir en paz. Así que, como hay muchas maneras de hacerlo, yo opto por meterte las piernas en un barreño de sal, traer un par de cabras y que te laman las piernas hasta que te arranquen la piel y mueras desangrado o por el shock. Mi socio opina que sería mejor hacer como vio en aquella película: tumbarte en esta mesa que ves aquí, ponerte un cubo de acero en el estómago y una rata dentro... Con el soplete que ves aquí, calentaremos el cubo y, claro, la rata, al sentir el calor, querrá salir por algún sitio. Lo mismo escarbará por tus tripas hasta encontrar la salida. Otra de las opciones es la tan aburrida y vista ya de la puta gota en la frente, taladrándote el cerebro como el agua hace con las montañas creando grietas y cuevas para así poder encontrar el mar. Todo se reduce a lo mismo: buscar una salida. Pero hoy seremos buenos contigo; sólo te rajaremos el tendón de Aquiles dejando que se vacíe y que, cojeando de por vida, puedas escapar de aquí. Considéralo más que un aviso un regalo. Porque somos muy generosos, tanto que no desearás saber cuanto. Así que, ¡procedamos!
—¡Nooooooooo! ¡Por favor!
Sin contemplaciones uno de los enmascarados le quitó el zapato y el calcetín con sumo cuidado dejando el calcetín en el interior de su zapato. Cogió el cúter y, de una pasada limpia, le seccionó el tendón. Los gritos de dolor eran insoportables. En ese preciso instante le amordazaron de nuevo, le pusieron de pie y le vendaron la herida para que no muriese desangrado, dándole la oportunidad de escapar como alma que lleva el diablo de aquel lugar. Y así fue: salió como pudo de aquella cabaña perdida en el bosque, sin rumbo, con la mala suerte de caer por un pequeño terraplén. Exhausto y malherido por las magulladuras intentó levantarse como pudo y cuando alzó su mirada al frente se encontró con semejante imagen:
La mirada de un lobo a un metro de distancia que lo destripaba con sus ojos.
El antiseductor intentó arrastrarse hacia unos arbustos, cuando el lobo, súbitamente, emitió un profundo y grave aullido alertando al resto de la manada que merodeaba por la zona buscando algo para llevarse a la boca, simple carnaza. De repente, cinco lobos más aparecieron de entre las sombras y, entre gruñidos hambrientos le rodearon. El primer lobo fue el más decidido. Un ágil salto acompañó al aullido voraz de la fiera que cayó sobre el malogrado cuerpo del antiseductor como la ira de los infiernos sobre las almas condenadas. La bestia le hincó las patas en el pecho y le arrancó un trozo de carne de una dentellada salvaje como si buscara despojarle del corazón. Sus gritos de dolor no impidieron que los lobos se esmerasen en destriparle poco a poco, como si las fieras se estuvieran deleitando con su carne, libando su sangre, que ya formaba una alfombra escarlata bajo su cuerpo. Mientras tanto, un lobo negro, desde la oscuridad, quieto y confiado, contemplaba la escena con ojos inyectados en sangre, espectador orgulloso de la infinita justicia de los elementos. A continuación, el lobo se dio la vuelta y desapareció entre aquella densa niebla que parecía teñirse de rojo.
ZOOLÓGICO: Lugar donde un león, un tigre o una serpiente tienen la posibilidad de ver una gran variedad de especímenes humanos.
